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No sólo leer por leer. Lectura de calidad

No hay que hacer las cosas por hacerlas, hay que hacerlas bien, reza un conocido refrán. Con la lectura pasa lo mismo. No se trata de leer mil palabras por minuto o de ver quién termina más rápido de leer un libro de 400 páginas.  Y es que de poco sirve terminar un libro completo en un par de horas cuando no entendimos  nada de lo expresado en sus hojas.  El proceso de lectura, sin duda, va más allá de todo esto. 

 La lectura para ser de calidad debe de incluir ciertas características obligatorias. Por un lado, el ejercicio de lectura debe ser fluido, a una velocidad constante -ni rápida ni lenta- que permita al lector respetar los signos de puntuación y dar la entonación adecuada a cada oración. Por otro lado, la lectura de calidad implica que como lectores cada que nos acerquemos a un texto captemos la idea central del mismo, es decir, comprender que nos quiso decir el autor en su obra. Así, un buen ejercicio de lectura requiere tanto la forma como el fondo.

 Por sencillo que parezca, el lograr una lectura de calidad es un proceso complicado que sólo se podrá alcanzar con una práctica constante. Para obtener resultados óptimos cuando leamos cualquier texto, primero debemos cumplir condiciones técnicas como una velocidad media (ni rápida ni lenta), un manejo adecuado de los tiempos, pausas y silencios indicados por los signos de puntuación señalados. Todo esto le permitirá al lector dar la entonación correcta a cada enunciado, permitiéndole comprender de mejor manera lo que el autor intento comunicar en cada párrafo y en la obra en conjunto. 

 Respetar la puntuación a la hora de leer es primordial en la comprensión de cualquier texto. No considerar una coma, un punto, un signo de interrogación o un punto y coma, puede ser la diferencia entre entender o no entender. Los signos de puntuación tienen como objetivo indicar la intención o sentido de las oraciones. Por ejemplo, una coma nos puede indicar el contraste entre dos ideas en un enunciado, si la omitiéramos al momento de leer, dicha oración perdería el significado original que planteó el creador del texto.

En ocasiones a pesar de cumplir con las condiciones técnicas necesarias resulta complicado comprender las ideas centrales del texto, más cuando se trata de obras con un lenguaje elevado o incluso técnico que al no conocer su significado limita nuestro entendimiento. Para estos casos, primero debemos reconocer que es normal no saber qué significan ciertas palabras, es imposible saberlo todo. Así que no hay porque angustiarse. En segundo lugar, será necesario, que en la medida de lo posible, cuando leamos tengamos un diccionario a la mano. Hacer esto nos permitirá recurrir a él cada que encontremos una palabra que no comprendamos. No sé trata de buscar cada palabra, sino de hacerlo cuando realmente sea necesario.

 Leer correctamente no es leer rápido, leer correctamente es comprender y con ello aprender. Leamos no sólo por leer, hagámoslo con calidad, hagamos las cosas bien.

Por. Carlos Hernández Miranda

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