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Vivir el presente

 

Cualquier problema requiere ser resuelto “con la cabeza fría” como dicta un dicho popular que tiene mucha razón, pues quiere decir que debemos evitar ser impulsivos y concentrarnos en analizarlo detenidamente para hallar la mejor salida.
Un simple roce o conflicto es capaz de hacernos pensar a veces en los escenarios más fatalistas pero en realidad esto genera un bloqueo mental y nos priva de idear soluciones e incluso de aceptar todas las implicaciones del problema las cuales no siempre son negativas, sino simplemente representan cambios.
Perder el empleo, terminar una relación o tener una enfermedad, por ejemplo, nos hace repensar en lo que hicimos mal en el pasado. Esta reflexión permite rectificar conductas que quizás produjeron la situación pero no debe ser detonante de sentimientos de culpa aunque frecuentemente es justo eso lo que sucede.
Dicho bloqueo psicológico y los sentimientos de culpa llevan a las personas a descuidarse físicamente (comen mal, descansan mal e incluso descuidan su imagen) así como emocionalmente (depresión, desánimo, apatía, aislamiento, mal humor, etcétera). En tal caso las personas involucradas pueden llegar a encerrarse en el problema y hacerlo más grande al grado de dificultar su resolución.
Se debe aterrizar en el presente, admitir que nos encontramos en un problema y dejar de pensar en los daños que puede acarrear en un futuro que no tiene por qué suceder.
Para que la reflexión y búsqueda de soluciones sean saludables es ideal que se realicen a la par de ejercicios físicos, caminatas en lugares tranquilos, mientras se escucha música o al desarrollar cualquier actividad agradable, así las cosas se verán con mayor claridad.
Una vez que fueron identificadas las causas, frecuentemente externas a usted, es tiempo de crear algunos escenarios positivos y comenzar a actuar sobre el más viable, de esta manera evitará encerrar sus pensamientos en laberintos.
Tenga en cuenta que existen tres tipos de problemas: los que tienen solución y esta depende de usted, los que no dependen de usted para resolverse y los que no pueden solucionarse.
No cargue con problemas que no puede solucionar ya sea porque no son suyos o porque la resolución depende de factores externos. En ese caso lo mejor es aceptarlos y dejarlos de lado lo más posible, evitar que le afecten. Arréglese, salga a distraerse, trabaje en algo que le agrade o concéntrese en sus pasatiempos predilectos, aunque al principio parezca difícil, aquello que le preocupa tendrá un peso más liviano cada vez.
Una de las formas más sencillas de superar obstáculos es solicitando ayuda. Como seres sociales por naturaleza, el apoyo de nuestras relaciones interpersonales mediante consejos, recursos, compañía, etc.  le dejará manejar con menor dificultad las crisis.
En resumen, la resolución de problemas no tiene una receta pero si puede ayudarle aprender a organizar sus ideas para reaccionar adecuadamente. Recuerde:
Mire al pasado sólo para admitir y rectificar errores que pudieron provocar el dilema.
Al analizar la situación concéntrese en el presente, genere opciones e identifique las ventajas y desventajas de cada una. Elija la que parezca más acerada.
Ocúpese sólo de los problemas que dependen de usted para resolverse y solicite ayuda, no está de más.
 
Por Yanet G. Sánchez Monroy
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