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Más información para contrarrestar la discriminación

  

 
La Organización Mundial de la Salud define al Sida como una enfermedad infecto-contagiosa, crónica y con síntomas clínicos diversos provocados por la acción de un virus  que ataca las defensas naturales del organismo y lo deja vulnerable de contraer enfermedades infecciosas, las cuales pueden complicarse hasta provocar la muerte. Pero antes de caer en una percepción fatalista hay que prestar atención a dos cosas:
Primero, entender que el VIH es un virus que avanza dependiendo del momento de detección, la calidad de vida de quien lo contrae y del seguimiento médico. El Sida es un síndrome generado porque la reproducción del virus baja las defensas y permite la entrada de infecciones. Se estima que es entre 8 y 10 años de haber contraído el VIH cuando se desarrolla el Sida sino se atiende adecuadamente.
También debemos analizar que ya no se considera al Sida como enfermedad ‘mortal’ sino ‘crónica’, tal como la diabetes o la hipertensión. A pesar de que aún atemoriza escuchar un diagnóstico de VIH (como sucedería con cualquier otro padecimiento grave), lo importante es tener en cuenta que existe un tratamiento y la adhesión a este puede ampliar la esperanza y calidad de vida del afectado.
El tratamiento es costoso, pero gracias a la lucha emprendida desde hace más de dos décadas por los mexicanos con VIH, se obtuvo el derecho a los métodos de detección, medicamentos, atención psicológica y asesoría nutricional equitativa, sin importar las condiciones socioeconómicas de los pacientes.
En el estado de México se crearon cinco Centros Ambulatorios para la Prevención y Atención de Sida e Infecciones de Transmisión Sexual (CAPASITS), en los cuales el medicamento antirretroviral es completamente gratuito para los pacientes con VIH que acudan a sus distintas ubicaciones: el Hospital “Las Américas” de Ecatepec, el Hospital “Maximiliano Ruiz” en Naucalpan, el Hospital “La Perla” en Netzahualcóyotl, el Hospital “Valle Ceylan” de Tlalnepantla y, en Toluca, el Centro Médico “Lic. Adolfo López Mateos”. 
Una vez que el panorama parece menos estremecedor, vale la pena subrayar que las únicas vías de contagio son el contacto sexual no protegido, compartir jeringas o instrumentos punzocortantes y la vía perinatal. No se transmite por la saliva, la orina o el excremento.
El VIH no es volátil, es decir, no está en el ambiente y se desactiva al salir del organismo que lo posee. Cubiertos, sanitarios y espacios comunes pueden seguir siendo compartidos por toda la familia sin preocupaciones extremas, ya que son infundadas las distinciones en el trato social y afectivo con los enfermos de VIH.
No hay peligro si una persona con VIH nada en una misma alberca con personas ‘sanas’, tampoco si ella se corta y después la tocas, porque sobre piel sana el virus no puede entrar y las heridas permiten que este se oxigene y muera en segundos.
Sin embargo, como en sus inicios Sida era irremediablemente mortal, se generó una fuerte paranoia que aún subsiste y provoca el llamado “Sida social”, es decir, la actitud de rechazo hacia los enfermos por el miedo exagerado a un padecimiento que se cree incontrolable.
Que los grupos más vulnerables de contraer esta enfermedad fueran marginados desde antes de su aparición, es una de las mayores dificultades para contrarrestar la discriminación: los hombres que tienen sexo con otros hombres, los usuarios de drogas inyectables y los trabajadores y trabajadoras sexuales.
El comienzo de la solución se encuentra en estar informados, difundir dicha información y mejorar la actitud hacia quienes enfrentan este problema de salud, el cual también afecta a otros sectores sociales como jóvenes, niños y mujeres casadas.

 

Por Yanet Gpe. Sánchez Monroy

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