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Discapacidad Intelectual y Sexualidad

sexualidad

Desde el momento de la llegada de una persona con discapacidad a un hogar, se crea una imagen angelical y llena de sentimentalismo en su entorno. Esto es debido a que se les considera como personas en condiciones especiales y diferentes en todos los sentidos. Si bien es cierto que son una figura de ejemplo, son dueños de una imagen infantil que afecta directamente su desarrollo y por tanto su integración. Considerarlos como personas asexuadas es un error en gran número de los casos, porque el desarrollo de la sexualidad como del resto de aptitudes depende tanto de de su edad como de su grado de discapacidad. Pero también existe un factor preponderante que no es generado por ellos mismos. Se trata de los prejuicios sociales no sólo por su condición sino en general al referirse a la sexualidad. De la mano con la educación para una vida sana, se encuentra el enseñarles a manejar los afectos y el conocimiento del yo como parte de una sociedad y no como una abstracción de ella.


Como cualquier ser humano, en la discapacidad intelectual también la sexualidad se presenta por medio de pulsiones. La diferencia radica en la manera de interpretación y el manejo de éstas. Mostrarles la responsabilidad al crecer como parte de una sociedad, implica también hacerles saber el abanico de opciones que como personas se tiene. Esto es, desde la posibilidad de independencia,  la toma de decisiones sobre su propio cuerpo hasta la manera de asumirse como un miembro más de la sociedad.


La discapacidad intelectual es en gran medida producto de las consideraciones y las representaciones creadas en el entorno social. Es decir, cuestionarnos, por ejemplo, si es adecuada la imagen que nos hemos creado acerca de la discapacidad en general y, como consecuencia, si somos útiles como sociedad para estas personas.
 

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