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La importancia de la inclusión

 

En cualquier etapa de la vida requerimos de la ayuda de otras personas porque nos encontramos en una situación de riesgo, convalecientes, por una necesidad o al enfrentarnos a un problema complejo. Los adultos mayores se encuentran en una de esas etapas por las que atraviesan la mayoría de los seres humanos durante su ciclo vital.
Si una persona mayor requiere tu auxilio, no hay razón para negárselo pero si no, el mejor apoyo que puedes ofrecerle es un trato respetuoso e impulso para que desempeñe las actividades que más disfrute sin poner en riesgo su salud.
Cuando el médico recomiende al adulto mayor evitar alguna actividad que anteriormente realizaba con gran afición, procura que no se desanime, para ello tienes un par de opciones: si es posible, colaborar como su aprendiz en la tarea para que se esfuerce menos en ella si no, puedes guiarlo para que elija desempeñar otra actividad que se adapte a sus exigencias.
La relación con los adultos mayores no es de dependencia (excepto en casos especiales) sino de colaboración, en la que ellos aportan al hogar aquello que está dentro de sus posibilidades como lo hacen los demás miembros de la familia. De la misma manera son parte importante de la estructura social.
Pueden ser incluidos tanto en el ámbito público como en el privado. Son capaces de aportar desde los más sabios consejos hasta productos del campo y manufacturados para grandes demandas de consumo, por esto es indispensable comprender que el papel de los actores sociales no termina al superar los sesenta años de edad.
Si tienes hijos, fomenta en ellos una actitud incluyente que les permita tratar con equidad a personas de grupos vulnerables, de diferente cultura, creencias y características físicas, al igual que tolerar opiniones divergentes. Crea en los más jóvenes una cultura de respeto por los adultos mayores y sobre todo de comprensión y cariño hacia ellos.
La inclusión es una actitud que debe tomar cada miembro de la familia y de ser necesario, pueden solicitar asesorías que les permitan comprender cómo convivir de manera saludable con el adulto mayor de acuerdo con sus cualidades específicas.
Lo más recomendable es establecer un clima de confianza en la hora de las comidas, solidarizarse con su dieta cuanto sea posible, incluirlo en la conversaciones, asignarle tareas, salir con la adulta o el adulto mayor frecuentemente, mostrar interés en sus ambiciones y estados de ánimo, respetar sus espacios y lo más importante, no ignorarlos ni maltratarlos de ninguna forma.
Procurar que los adultos mayores sean consientes de todas las capacidades que poseen les dará la seguridad necesaria para ser más independientes y más felices. Involucrarlos en una serie de actividades así como la compañía de personas que les demuestren cariño, favorecen su estado de ánimo y su salud integral.

Por Yanet Gpe. Sánchez Monroy

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